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SOBRE SEXISMO Y LENGUAJE Y MATERNIDAD

ENLACE CON EL DEBATE SOBRE SEXISMO Y LENGUAJE

 

(Lluvia de ideas)


Las nuevas españolas han de asumir su maternidad ante una sanidad y una seguridad social progresivamente privatizadas.


Ni tontos ni marxistas, se entiende que hablamos de maternidad consciente y embarazo deseado. Se entiende que el tema se aborda desde un punto estrictamente personal (egoísta, vale decir) sin entrar en conversaciones del tipo lo natural instintivo frente a lo social cultural, por ejemplo. En el debate hay que admitir nuestra imperfecta vida, desigual mezcla de natural y artificial, y la interacción continua entre individuo y sociedad. Si el instinto y el sexo juegan un papel alto y claro en el primer planteamiento de la maternidad, desamores y divorcios prueban que el tema es más complejo. Importa no hacer dibujos animados. Ser madre no es tener un bebé. Llega un día que al bebé le huelen los pies, hay que pagarle el dentista y los estudios de una carrera interminable.

A/ Variantes de partida
Yo en el mundo

1. Sexuales:                 macho/hembra

2. Sexualidades:          homo/hétero

3. Familiares:              parental/no parental, con/sin prole previa

4. Sociales:                  lugar que ocupo en el modo de producción

5. Personales:              edad, estado, salud, creencias, etc.

6. Geográficas:            contexto político, social y religioso

7. Legales:                   derechos entre personas, derechos civiles, la herencia

8. Alternativas:                       adopción o renuncia

 

B/ Variantes de futuro
Otro ser en el mundo

 

Desde el principio, si será niño o niña, si le tengo asegurada una posición social. Hacen falta respuestas existenciales y sociales convincentes referidas no al futuro de la humanidad, sino a un futuro concreto y único: traer al mundo un ser, ¿para qué?

 

En España una generación de perfiles mileuristas atraviesa ahora la edad de la maternidad con la necesidad de buscarse la vida en plena recesión, contexto y situación más hostiles que los de su generación. Hasta el presente, era más fácil. Los hijos venían a un mundo mejor.

 

Partiendo de un lenguaje que abarca en padre tan diferentes cosas como padre y madre, una mujer no debería ser madre si no puede asegurar la buena vida de su unidad familiar. La mujer o su benefactor (el Estado) han de prever un depósito equivalente a lo que cuesta mantener un ser humano de por vida.

 

Cuando se privatiza el estado del bienestar, la maternidad también se privatiza. Las nuevas españolas han de asumir su maternidad ante una sanidad y una seguridad social progresivamente privatizadas, horizonte que obliga a la maternidad a un plan de cobertura y viabilidad. Como un piso o un plan de pensiones.

 

Ni la pareja ni los amores tienen mucho que ver aquí. Tampoco la ayuda de unos padres y madres que más pronto que tarde han de faltar. La vida es dura y la maternidad, cuando no responde a la prole como solución (proletaria), adquiere un coste capitalista que hay que asumir. Como una hipoteca.

 

O la revolución.

 

DanielLebrato@gmail.com, 20 del 2 de 2012

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