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SUICIDISMO, SUICIDISMO MACHISTA Y VIOLENCIA DE GÉNERO

SUICIDISMO, SUICIDISMO MACHISTA Y VIOLENCIA DE GÉNERO

 

1.
Se llama suicidismo al suicidio que incluye la muerte propia como precio por la muerte ajena. El suicidista puede atravesar crisis depresivas pero, para lo que importa, no obedece a un cuadro clínico. Héroe y mártir, el suicida extremista incuba su fanatismo en un entorno marcado por la desigualdad, donde la religión juega un papel libertador y redentor. El creyente causa bajas entre infieles que se lo merecían y placenteramente irá con Dios a recoger sus méritos. Así cualquiera. Por su parte, el asesino sexista, reo y verdugo, sabe un momento que va a matar y antes o después también sabe que no hay vida para él al otro lado del crimen, la muerte es su muerte. Lo malo es que duele. Por eso hay tanta chapuza. La violencia contra uno mismo no se puede entrenar, hay que de pronto adquirirla. Y en esto ayudan la ofuscación o la clarividencia, el alcohol o la violencia en vena, que ésta sí que es genética. Y el día de antes y el día después que siguen diciendo: culpable y culpable y culpable. El hombre que compone la [in]justicia tomada por su mano demuestra una grave irresponsabilidad arrastrada, por inmadurez o por dependencia de su víctima, o por las dos causas a la vez. El caso es que lo último será lo primero que aparezca en prensa: la anécdota, el dónde, cuándo y cómo, las circunstancias del crimen atroz, pero lo fundamental ya estaba puesto. Si acertó a matarse a la primera, si le dolió el cuchillo, nadie hablará del suicida cuando esté muerto.

La sociedad no puede penalizar el suicidio, y eso va contra el poderoso imperio de la ley. Ante el titular “muerte de la mujer y suicido del criminal”, portavoces políticas o cercanas a la víctima se despachan con declaraciones que mueven las pasiones más bajas y alejan el pensamiento crítico: ‑Pues que lo entierren; que se hubiera matado él primero. Esta lógica perogrullesca parece una táctica francamente peligrosa. No interesa admitir que el violento machista, igual que el integrista, tenía predeterminada su propia muerte. Esta predeterminación no es pertinente en política y bloquearía a tanto observatorio, a tantos cargos y cargas que viven del cuento, vale decir contando cuerpos muertos.

Toda violencia comparte una raíz conservadora y toda buena sociedad conlleva, como mecanismo de defensa, hábitos violentos y una industria donde la muerte se concibe, donde la sangre cotiza y se justifica. Para diferenciar unas muertes de otras y para defender su violencia, la buena sociedad descompone la moral, siempre lo ha hecho, y con doblez nos habla de orden y paz: cómo está el mundo amenazado, cómo acabar con el terrorismo, por supuesto: no analizando y paliando desigualdades, no yendo a las raíces de la miseria, sino con más gasto militar y nuevas sacudidas patrioteras que justifiquen que hay (que sigue habiendo, dios mío) paz y orden que disparan y matan.

Tampoco nuestros observatorios contra la violencia machista irán a la raíz de la violencia, teniéndola tan cerca. No sea que ciertas prácticas, ciertas instituciones y ciertos personajillos salgan mal parados. El agresor, si se mata: al hoyo; y, si no: detención, juicio y condena, el imperio de la ley. Y vengan manifestaciones de repulsa.

El día de la manifestación, ustedes, que pueden pagarse guardaespaldas y carros blindados, pongan en sus discursos todo el imperio de la ley que ustedes quieran. Quienes llevamos la pancarta sabemos que no podremos ir de vacaciones a ciertos países impunemente y que mañana habrá en nuestros periódicos más mujeres muertas.


Daniel Lebrato
SUICIDISMO, SUICIDISMO MACHISTA Y VIOLENCIA DE GÉNERO

2.
El otro día me oí a mí mismo usando la expresión violencia de género. No hay violencia de género. Hay violencia de un macho. Ese macho violento no se siente género ni ha concebido nunca el abstracto género. Nuestro violento se siente familia y colegas, se siente mirado y con nota: en el trabajo, en el bar, en la escalera cuando regresa a casa. Ese macho es violento porque puede serlo. Violento y cornudo, pocohombre, oscuro objeto de burlas propias y ajenas. Cuando cree que la combinación de aprobados y suspensos, se vuelve en su contra y de ninguna manera ve la forma de aprobar, entonces al hombre no le queda más masculinidad que esa parte del macho que son sus músculos (de másc[u]lo, macho): físicamente más fuerte, puro sexo (sexo: diferencia) preparado para matar. Etiquetemos, por tanto, su violencia con palabras que destaquen el punto de partida y el punto de llegada: más débiles que padecen miedo, agresión y muerte.

A género se llegó por el caminito del eufemismo y de la abstracción. Género se pactó entre, por un lado, sectores de la política recién concienciados con el problema y, por otro, viejos sectores feministas preocupados en diferenciar (o desdoblar) a toda costa. Las feministas ya venían diciendo género. Sexo les parecía con razón una obviedad, y en expresiones como igualdad de géneros la palabra evitaba la ambigua igualdad de sexos que se podría malinterpretar. Con ayuda del inglés de Inglaterra, donde el feminismo fino llevaba la delantera, se impuso entre nosotros género: cuestiones de género, diferencias de género, lenguaje de géneros empezaron a oírse como lo más normal.

Sin embargo, lo que sirve en un ámbito no tiene por qué servir en todos, y por algo tenemos la riqueza del lenguaje. Es evidente, por ejemplo, que el deporte sufre violencias y es evidente que el deporte genera situaciones violentas que ‑alegan los deportistas‑ nada tienen que ver con el deporte. Si no hay violencia deportiva y, como mucho, hay violencia en el deporte, tampoco habrá violencia de género, sí individuos violentos. Soy masculino: ¿Soy un violento? Más allá de lo fisiológico: ¿Soy un macho? Más aún: ¿Soy un género?

3.
Lo que importa, nos dicen, es denunciar, aunque luego viene lo que no dicen. No dicen que la denuncia previene (y no todas) las reincidencias, pero no los primeros malos tratos. No dicen que la denuncia apenas sirve para mujeres tipo Bollaín en Te doy mis ojos, no para mujeres que no vieron ni verán nunca la película. No dicen el aumento escandaloso de machos violentos inmigrados que no han recibido coeducación en sus países de origen. No dicen lo que está pagando el ministerio de igualdad en tapadismo sexista y sangre de mujeres, al ministerio de exteriores por la dichosa alianza de civilizaciones de Zapatero y Condoleezza Rice. Tanto observatorio, ¿y no han de ver lo que tienen en sus narices? Coeducación y Ciudadanía, ¿no harán siquiera un comentario?

Comentario el día del desfile, el tipo del andamio, el del piropo. Comentario el hincha, el héroe de la barra, el coche tuneado, el chulo del recreo. Comentario ciertas parejas agua y aceite que llamamos matrimonios. De texto, comentarios.

 

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