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COEDUCACIÓN, QUÉ HACER

Coeducación, qué hacer

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Igualdad y Coeducación (ICO) iba para niña bonita y empezó pagándose como una jefatura de departamento, tres horas lectivas por semana. Al presente, ICO se paga a dos horas de guardia, sin reducción ninguna de horas de clase. En un funcionariado que lo de abajo mira en lo de arriba, el círculo “para lo que me pagan” se cierra con “total: para lo que van a hacer de todas formas”.

Hace tres años, la entonces consejera Cándida Martínez nos convocó a los primeros responsables de Coeducación a un acto brillante en el aula magna de Medicina. Entre aquel acto cargado de futuro y este presente cargado de incertidumbres, ha habido mucho palo de ciego (los diagnósticos), mucha impotencia y mucha deformación, además de una pésima y desacreditada puesta en escena que ha hecho que de ICO se hayan reído en no pocos institutos y colegios, entre otras cosas por la caricatura lingüística. Al final, entre lo que pongo yo (mi bisoñez) y lo que no pone la empresa (firmes a más de uno), fachas y machistas se han merendado a la de ICO (que está muy buena o es un poco machorra) o al de ICO (que seguramente es maricón). Paralelamente, en los medios se les iban riendo las gracias a Revertes y Burguetes (Antonio Burgos), y la Academia decía que no a unos desdobles forzados.

Lo más grave, no obstante, no sucedía en el lenguaje, eso hubiera sido un debate entre personas al menos civilizadas. Lo más grave seguía sucediendo en los bloques donde la estadística de violencia sexista no ha disminuido y donde por la tele seguían poniendo malas prácticas como si fueran buenas (prevalencia masculina en la Casa Real) y se nos dejaba indefensos ante el machismo emergente más extendido en nuestros días: el tapadismo de género que malamente nos han querido colar como la moda del velo, como marca de una de las tres culturas y civilizaciones con las que, encima, nos tenemos que ‘alianzar’.

Aquí hay que hablar del PSOE y de su pariente el PP, no por hablar de política, sino como expendedores de ideas, creencias o ideologías. A un partido que no labora por la igualdad (si lo hiciera, el PSOE sería igualitarista o comunista) la igualdad le viene ancha; no la repudia, pero tampoco sabe qué hacer por ella. Y ahí están los regalillos lineales del Gobierno: tantos euros por vivienda, tantos por natalidad, gratuidad de los libros de texto; medidas iguales que, al darse en familias desiguales, lo único que hacen es poner de relieve la primera desigualdad. El Estado, con su permisividad ante las bolsas de varonía sola, con su dejación ante el tapadismo, no acabará nunca con la violencia sexista. Donde hay colegios religiosos y privados jamás se implantará la coeducación. Y en los dominios públicos del Estado coeducación se queda en paridad: repartos en cremallera entre varones y hembras en instituciones de por sí más coeducadas que la media: política, magistratura, enseñanza.

Lo que desde arriba se consigue sobre la violencia recuerda lo que se consigue sobre el terrorismo o el suicidismo: absolutamente nada. El terrorista no va a la concentración ni guarda el minuto de silencio que guarda ¿toda? España. Y el suicida es como el pirata de Espronceda, que la vida ya la dio. En cuanto al violento machista, hay que ver ante qué grupo el ayer pacífico y hoy violento está quedando mal, no tiene ya crédito ni opinión, tanto, que prefiere borrarse de su mapa mundi, ese que se burla de él en el bar. Horror a los colegas, horror a los amigos, horror a ti, si no doy la talla en la cama, horror a que te vayas con otro, y si no te vas, venga la burla: ¿Qué pasa, que te domina tu parienta? A ese horror tendríamos nosotros que mirarlo de frente. Pero nadie toca al FBI, al Fondo de Buenas Intenciones. Y los niños con su uniforme y las niñas con el suyo. Y los matrimonios los viernes por la noche, ellos por un lado y ellas por otro. Y don Felipe y doña Letizia. Y los obispos, no las obispas. Y el militarismo. Y el fútbol. En ese entorno, será un milagro que al violento conciencie una campaña contra ¿qué malos tratos?

¿Queda algo por hacer? Claro que sí. Nosotros lo hicimos. Como estábamos solos en un medio hostil, nos planteamos un plan solo ante el peligro. Buscamos el amparo de la Junta Directiva y apuntamos directamente al corazón de nuestro instituto, al Plan de Centro. Con el arrope de boletines y bojas y cargados de razones legales, fuimos colocando en el Plan de Centro legislación concreta y aplicada. Teniendo el Plan y la Dirección de nuestra parte, pudimos trabajar bastante bien esos tres años. El primero lo dedicamos a visibilizar el problema, ese que no se nota porque hay un Techo de Cristal y porque hay un Pegajoso Asfalto que con gusto no pica: mujeres que disfrutan del machismo. Al segundo año nos dedicamos a revelar las diferencias entre los dos sexos y las muchas sexualidades, principalmente como minoría mayoritaria, la homosexualidad. Fue la campaña El Tercer Género. Por último, empezábamos a meterle mano a las fuentes del sexismo: la discriminación de personas iguales desiguales: el negro, el gitano, el morito y sus parejas respectivas: la guapa, la gorda, la canija, pensando que detrás de un piropo o de un epíteto elogioso asoman sus contrarios, el ninguneo (de quien ¿no? es guapa) y el insulto. Esta campaña la habíamos titulado Llámame por mi nombre (Call my name) y estaba prevista para un plan trienal o cuatrienal que involucrara a todos los departamentos. Para aprobarse en Claustro y Plan de Centro, el plan incluía (incluye) bancas en cremallera niño-niña niña-niño, campaña usuarios claros en los correos estudiantiles por internet, crítica del machismo institucional, crítica de los roles: feminización de los varones, híper paternidades, crítica de la maternidad, crítica y superación del trabajo doméstico, crítica de las adopciones, crítica de la inmigración, cuestionamiento de los modelos familiares matriarcales o patriarcales, restitución de lo femenino y lo masculino como marcas personales positivas.

Tarea no falta, pero nuestro lema nos sigue pareciendo más lema que nunca: sin igualdad no hay coeducación y coeducación sin igualdad parece un paripé, un apaño, que no hace más que apuntalar la obediencia y la dominación.

[daniellebrato, elwoman.blogia.com, 14.10.08]

 

Olvidábaseme decir. Me va la marcha. Volvería a coger Coeducación.


 

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