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COEDUCACIÓN, TRES AÑOS

Tercer año del Plan de Igualdad y Coeducación. Quienes trabajaron sacando diagnósticos y tantos por ciento no han ido más rápido ni por más autopista que quienes hicieron un trabajo de arriba abajo procurando normas de obligado cumplimiento.

[COEDUCACIÓN, TRES AÑOS]

 

Sevilla, 22.11.07

1.
Hace dos años parecía que lo importante era el diagnóstico de centros, y a hacer el diagnóstico se dedicó, entusiasta, una enorme cantidad de coeducaciones. Que sepamos, aquel diagnóstico nunca jamás se puso por junto ni nos pasaron sus conclusiones. Las encuestas debieron revelar lo elemental, querido Watson: que machismo había, y trabajo por delante. Mientras tanto, lo más espectacular de igualdad y coeducación sucedía en la calle del lenguaje y en la admisión de niñas tapadas.* [Tapadas por sus familias o por ellas mismas, ese debate da igual: no se trata de lo que la familia o la niña quieran, se trata de lo que la enseñanza tiene que ofrecer y en qué espejos se tiene que mirar: nunca mejor dicho lo de espejo]. Paralelamente, en los medios más reaccionarios se iba desarrollando una acritud, casi un odio, a igualdad y coeducación, señal de que estábamos acertando. El facherío carcoma lo más que podía era burlarse de masculinos y femeninos, estropearnos planas y papeles con os y con as a destiempo, santificar a Pérez Reverte o a Antonio Burgos. Frente a esos graciosillos de la confrontación, jóvenes e inexpertos coeducadores y coeducadoras quedaron a los pies de los caballos y más: la Academia, los medios, la redacción de documentos. Quienes primero abandonaron coeducadores a su suerte, fueron Consejería y Delegación. Un día tuvimos un desayuno de trabajo con la señora consejera, vinieron los periódicos, se anunció el Plan a bombo y plato. Otro día nos llamaron a cursos más o menos obligados. Al otro nos vinieron con el diagnóstico. Nuestro jefe parecía el CEP pero nunca supimos si lo que decía una ponente CEP era programa o era opinión. En los centros había de todo. Que si coeducación tenía que pasar por claustro, que si coeducación tenía que estar en el consejo escolar. Lo único evidente era un lenguaje arduamente desdoblado (que daba pie a la ridiculización) y hablantes bienintencionados víctimas del artificio. Hay quien llegó a tener pesadillas antes de hablar.

Hoy sabemos lo que sabíamos: que el lenguaje desdoblado es imposible y que el masculino gana en el sentido gramatical de la palabra. Cuanto antes las mujeres partidarias del desdoble a todo trance se den cuenta de imposibles y de absurdos, antes volverá la cuestión palpitante a sus principios y antes desarmaremos a graciosos y compañeros machistas. Que no nos den la coña: -Mire usted, lo mío es la igualdad, no sé si le suena. La coeducación, si usted quiere, se la discute a su señora esposa.

En coeducación ha habido dos líneas de trabajo: una de base y otra de altura. La de base ha ido de lo particular a lo general, del diagnóstico a sus conclusiones, de grupo en curso y de cursos hasta el alumnado todo y más allá a un profesorado que básicamente seguía siendo el que era antes del Plan.

El trabajo de altura ha ido de lo general a lo particular, de unas normas a su cumplimiento, empezando por el profesorado, e irradiando desde ahí a todo el alumnado.* [Esta praxis de arriba abajo es vieja en educación. Son las órdenes religiosas que siempre han incidido sobre las clases altas. Es el despotismo ilustrado llevado a nuestras aulas. Fue la estrategia de la Institución Libre de Enseñanza que desde 1876 quiso cambiar España cambiando a la minoría dirigente, básicamente la generación de la República.]

Será porque algunos en coeducación nos hemos visto sin estructura ninguna, sin cursos ni recursos, sin la nueva asignatura cambio social y nuevas relaciones de género, será por eso por lo que algunos hemos optado (es ley de vida) por guerrillas directas aprobables en claustro y en plan de centro. A fin de cuentas, sólo un par de cosas sabíamos y teníamos: el Plan de Igualdad y Coeducación de la Junta de Andalucía y la confianza del equipo directivo, tal vez del consejo escolar.

Los centros que empezaron declarándose zonas no sexistas hoy siguen teniendo en sus dinteles y frontispicios esa misma leyenda: entra usted en zona no sexista, es nuestro ideario y figura en el Plan de Centro, se ponga usted como se ponga.

 

2.
En estos años hay puntos discutidos y discutibles que no se pueden cerrar en falso. 1º. La verdadera raíz de la violencia contra las mujeres. 2º. El sentido emancipador y progresista del trabajo doméstico. 3º. Qué hacer con las mujeres tapadas. 4º. El doble lenguaje social entre la enseñanza pública y privada.

1º. Raíz de la violencia contra las mujeres. Dejando aparte, aunque no del todo, patologías del celoso como la que pinta Icíar Bollaín en Te doy mis ojos, muchos pensamos que la raíz y esencia de la violencia está en comportamientos e instituciones que no se quieren tocar: el Fútbol, la Iglesia, la Monarquía (por citar tres inamovibles). Que habría que intervenir en ciertos agrupamientos de machos solos. Que actuar en bares y murgas de currantes. Que penalizar piropos y lenguajes de andamio y a quien insulte diciendo maricón. No es tan raro si se piensa que ciertas reuniones de hombres solos son tan centros de incubación de la violencia como lo pueden ser las mezquitas. En los estadios y en las bancas de clase habría que ir a una paridad real. Aunque sea un burdo apaño: sentando a un niño con una niña y a una niña con un niño, y combatiendo las bolsas de muchachos solos en aulas y recreos. Como sospechamos que el Gobierno no está dispuesto y que a usted que esto lee le puede parecer utópico y exagerado, cuando no, directamente estatalista, lo vamos a dejar ahí. Pero seguimos pensando que la escuela de la violencia está en el grupo machote. A ese grupo machote, que quita y pone cuernos y dignidades, pertenecen el hombre agresivo (todos los hombres son agresivos) y el hombre endeble. El endeble está dispuesto a quitarse la vida antes que a enfrentarse a su dura realidad: no dar la talla. No dar la talla es no que su mujer quiera a otro, no que a él no lo quiera. No dar la talla es verse despreciado y humillado como macho de manada: que su mujer le corone, que le insinúen que con otro hombre se lo pasa mejor en la cama, cosas así. La vergüenza del violento no está ante su mujer y su grupo familiar (ante el que actúa con gran soltura y desparpajo). La vergüenza insufrible y suicida está ante el grupo de machitos y machotes que en la barra del bar o en el trabajo le van a dar un repaso. Al panorama que le espera en el bar o en el barrio y a la presión del grupo dominante, responde la mato y me mato: violencia más suicidio. Verdad que muchas veces el suicidio machista se queda en chapuza y torpe auto mutilación, pero verdad que muchos sinceramente no soportan la vida. De esto no gusta hablar en círculos feministas: - ¡Pues muy bien, pues que se maten! ¡Ojalá se maten todos!, dice mi amiga. Y no es eso.

Siempre nos ha parecido que mirar para otro lado la especificidad del suicida sexista es como no mirar tampoco al suicida islámico. Nuestras claves legales y condenatorias son inútiles por igual, pues, a ver ¿cómo podría condenarte una sociedad que tiene en la pena de cárcel y en la pena de muerte sus mayores horrores disuasorios, si tú el suicida libertad no la quieres, y lo que quieres es que todo se cumpla cuanto antes con tu propia muerte? ¿Quién explica, si no, las masacres de Torres Gemelas o de Atocha?

[Inciso. Hablamos del empeño PP en la autoría de ETA detrás del 11-M. Pero ¿qué decimos del empeño PSOE en la alianza de civilizaciones?, ¿qué, del diálogo de culturas sin antes solucionar (no ‘devolver') Ceuta y Melilla? ¿Cree el Gobierno que sin despegarse de USA y de Israel y de las célebres misiones de paz de una títere ONU, España está a salvo de futuros atentados? ¿No sería más fácil ponerse en paz con el pasado colonial y colocar nuestro país en la órbita de neutralidad internacional donde antes estuvo?]

2º. El trabajo doméstico. Que el niño ponga la mesa, de acuerdo. Que ordene su cuarto, de acuerdo. Que no sea un perfecto inútil y sepa freír un huevo. Pero el trabajo doméstico no es trabajo en tanto no esté retribuido. Que un hombre maneje y ponga una lavadora significa lo mismo que si la maneja una mujer: absolutamente nada. Nivel de vida, si acaso: es evidente que tienen lavadora pero no tienen servicio doméstico; también pueden tener termomix, vaporeta, yegua en la cuadra, el cuatro por cuatro de papá. Es también evidente que Letizia de España no va a tocar una fregona. En vez de trabajo, hablaríamos de esfuerzo y de autogestión personal y de niveles de vida que tanto niños como niñas pueden afrontar y permitirse. El trabajo de casa no puede ser que lo pague el Estado. Lo tendría que pagar el grupo beneficiario, es decir: el marido, los hijos que no hacen nada. El trabajo doméstico en la calle ya lo pagamos. Pagamos que nos hagan la cama: en un hotel; pagamos a quien nos hace la comida: en un restaurante; pagamos que nos hagan la tortilla: en el supermercado la compramos hecha. Por lavar, limpiar, cuidar del abuelo o del pequeño, ya pagamos lavanderías, limpieza, cuidados, guarderías.

3º. Las mujeres tapadas. Muchos pensamos que el velo como sistema, es decir: para mujeres y para toda la vida, es machismo puro y duro y no cultura (o es cultura machista si usted quiere), y lo que tenga de religión no debiera importarnos: también nuestras mujeres familiares se han puesto el velo para ir a misa o para entrar en sagrado. Muchos, en fin, desde antes del tapadismo teníamos un cielo que nos han fundido: la escuela laica, la religión fuera de la escuela. Quien sale ganando con que no sea así, sobra decirlo, es la Iglesia Católica, que se queda, ¡vaya si se queda!, en los planes de estudio. Y ahora, encima, como abanderada de la libertad religiosa y de las minorías de las demás religiones.

4º. La pública y la privada. Familias hay islámicas adineradas que por Europa tienen sus propios colegios y, como quien paga manda, van las muchachas con sus velos como les da la gana. Aquí como allí, lo terrible es la mezcla de Islam y de pobreza. La gente bien de Nervión, el Aljarafe o Los Remedios se quita las moscas islámicas de encima. Las clases altas islámicas y occidentales se entienden que da gusto en sus Costas del Sol. Las clases bajas, al colegio y al instituto. Aquí dígale usted a la niña tapada cuáles son sus derechos, cuál la historia de España, qué es ciudadanía y qué es coeducación. De igualdad (no en abstracto: con su hermano), ya ni hablamos.

Nuestros niños y niñas ven por televisión a una infanta primogénita a la que se aparta del trono para que su hermano varón sea el que reine. Nuestros niños y niñas oyen hablar del Papa y del Príncipe. Un niño sabe que el Príncipe y la Selección son como él: varones todos. Nuestras niñas bastante tienen con que, puestas a correr, un niño corre antes los cien metros libres. Una niña sabe que la violación y muerte por violación cabe en el programa de su vida.

 

3.
Del plan de igualdad y coeducación y de cualquier Plan hay que decir que no van a arreglar la violencia de género. Sobre todo, porque la violencia ya está generándose fuera del sistema y el sistema incide sobre la violencia en una mínima parte (preventiva y tarde: la justicia). Políticamente, se especula con la violencia sexista igual que ante el robo de bicicletas: se da por sentado que el robo va a seguir (todo lo más se abre un registro de bicis, por si recuperamos algunas robadas). Así, con las mujeres se trabaja la hipótesis de que las van a seguir maltratando. ¿No es tarde e insuficiente un teléfono las 24 horas, una acción policial, unas órdenes de alejamiento que el hombre obsesivo se salta y se sabe que se va a seguir saltando? ¿No hay ahí una responsabilidad con la vida? ¿No se está jugando con personas?

 

daniellebrato@gmail.com

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