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TODO EMPIEZA CUANDO NUESTROS PECHOS SE TRANSFORMAN EN MAMAS

TODO EMPIEZA CUANDO NUESTROS PECHOS SE TRANSFORMAN EN MAMAS  

TODO EMPIEZA CUANDO NUESTROS PECHOS SE TRANSFORMAN EN MAMAS. Nuestros pechos, ésos que cuando vamos dejando de ser niñas miramos ante el espejo solitario imaginando miles de historias de mujer; ésos que cuando empiezan a despuntar nos hacen temer un soplo de brisa que con su frescor delate nuestros pezones incipientes. Nuestros pechos que nos hicieron vibrar cuando una mano amada los acarició por vez primera y cuando por primera vez también nos hicimos madres y nuestros hijos tomaban la leche que brotaba para ellos, leche de vida y de salud, leche de amor que solo una madre sabe dar. Pechos que gozaron con el sexo, pechos que lucimos orgullosas de ser mujeres, pechos que nosotras ahora hemos dejado de tener para tener tan sólo mamas. Sucede todo de pronto: notas algo extraño en tu cuerpo, empiezas a ir al médico y te hacen dar veinte mil vueltas hasta que te dicen, por fin, que tienes cáncer de mama. Ductal, invasor, grado III ó IV, infiltrante... qué más da. Tienes cáncer y perderás tu pecho porque en tu pecho anida tu peor enemigo. Enemigo de la vida, amigo de la muerte que, poco a poco va infiltrándose en tu cuerpo. Tu cuerpo, lo único que tienes en esta vida. Tu cuerpo, el único que te hace sentir en toda su intensidad y que ahora has de amputar para seguir viviendo, para seguir caminando por el camino de la vida, por ese sendero lleno de espinas, de dolores intensos, de cuentos que la edad te obligó a dejar de creer para ir enseñándote a enfrentarte en soledad a la crudeza del tiempo. La vida y la muerte, dos caras de la misma moneda. La vida tan frágil, tan fugaz; la muerte tan silenciosa, oculta tras la vida esperando el primer descuido. Apenas puedes creer lo que en el fondo ya sabías, apenas tienes fuerzas para arrancar el llanto que por dentro te desgarra, apenas encuentras algo a lo que aferrarte para no hundirte en el pozo de la desolación y el desconsuelo. "Otras como tú lo han superado", te dicen; "has tenido mucha suerte porque lo hemos cogido a tiempo". ¿Suerte? "No es de los peores pero has de ser fuerte". Fuerte para emprender un largo camino cuyo final está por ver, fuerte para no desmayarte ante una bata verde y para no salir corriendo cuando ya camino del quirófano te asalta el miedo a no despertar y te das cuenta de que no te has despedido de todos, y te das cuenta de que aún te quedan muchas cosas por hacer. Al fin todo pasa. Una gran venda ocupa ahora el lugar del pecho maligno y oculta la cicatriz que tendrás que acostumbrarte a ver sin dolor cada vez que te duches, cada vez que te vistas, cada vez que quieras ocultarla bajo una prótesis de goma que sólo conseguirá engañar a los que desde fuera te vean. Te mirarás al espejo como cuando eras joven y no podrás evitar que alguna lágrima brote de tus ojos. Luego el tratamiento: la quimio, la radio, la terapia hormonal... Se caerá tu pelo, sentirás fatiga y ganas de vomitar, te infertilizarán para siempre o te darán una pastilla que habrás de tomar durante cinco largos años y que cada mañana te recordará que sigues viva gracias a esas manos expertas que supieron extirpar a tiempo el mal que contigo iba creciendo. Y en tu desgracia te sentirás afortunada porque a pesar de todo sigues viendo cómo el sol sale cada día y cómo la vida no se detiene ante tu ventana trayéndote un rayo de luz que te impulsa a seguir adelante aunque cueste, aunque duela, aunque tu pecho dejara definitivamente de ser pecho para transformarse en mama.

[Isabel Lebrato. Quiero dedicarles este texto a todas las mujeres de AMAMA, mujeres fuertes y valerosas que me enseñaron a brindar por la vida, que me abrieron nuevamente los ojos al mundo y me acogieron en su seno para mostrarme que es más fácil el camino si vamos todas juntas.]

 

Todo es más fácil si vamos juntas.

Juntas conseguiremos que nos escuchen.

Juntas encontraremos los medios

y juntas desaparecerán nuestros temores.

El miedo al dolor y el miedo a la muerte

nos harán sentir más vivas que nunca

y nos haremos fuertes para combatirlo.

Juntas brindaremos por la vida,

juntas aprenderemos a seguir caminando y

juntas seremos capaces de levantarnos

el día que lo veamos todo demasiado negro.

Juntas descubriremos que el sol

aún alumbra para nosotras

y que la vida es hermosa, a pesar de todo.

Es duro, lo sabemos,

pero también sabemos que es posible.

Une tu fuerza a las nuestras

que todo será más fácil si todas vamos juntas.

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