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el tercer género EL TERCER GÉNERO (óleo de Buly) en diez páginas para IMPRESORA:  http://blogs.ya.com/daniellebrato/files/el_tercer_genero.rtf

Daniel Lebrato: EL TERCER GÉNERO


La revista El Woman de temas de coeducación y convivencia para la igualdad y la libertad propone
EL TERCER GÉNERO, un plan para el enriquecimiento de masculino y femenino a base de integrar y normalizar las distintas culturas y sensibilidades homosexuales gays o lesbianas en nuestro organigrama mental, moral y científico. Lo que sigue es un extracto de las implicaciones y aplicaciones lingüísticas de dicho plan.


EL TERCER GÉNERO quiere mejorar la vida de personas cuya inclinación sexual no coincide, ni tiene por qué, con lo que los demás interpretamos. El nombre del plan, el tercer género, se elige y se prefiere al tercer sexo por respeto a la pluralidad y riqueza de la sexualidad: hay tantas sexualidades como personas o gustos. Se elige género, y no sexo,  por lo establecido y aceptado que está el sintagma (incluso en sus más dudosas combinaciones, como en violencia ‘de género'). Género, pero no gramatical ni neutro frente a masculino y femenino.


GAY, NO GEY. La palabra gay viene de la comunidad jipi de San Francisco que quiso ver en gay, alegre, el acrónimo de good as you, tan bueno como tú (se entiende, heterosexual). El lexicógrafo Arturo del Hoyo documenta la palabra gay en España en la revista Interviú del año 1976 y la Academia la tiene admitida desde 2001: gay. perteneciente o relativo a la homosexualidad; hombre homosexual. Curiosamente, el Diccionario no da la etimología. ¿Pronunciaremos gay o [gey]? Apuesten por la a. Decir gay corresponde mejor con la escritura y -hay que decir- con la etimología. Gay es de esas palabras romances de efecto búmeran (Drae: bumerán) que desde el inglés nos vuelven fonetizadas o algo cambiadas pero que estaban en el idioma desde siempre (como nos viene ahora pack, de paca, paquete o empacar). Busquen gayo o gaya, con y griega y verán: alegre, vistoso, del provenzal gai, y éste del latín gaudium: contento, gozo, alegría, placer de los sentidos. Busquen gaya ciencia o gaya doctrina y verán que así se llamaba, por asociación con el adorno y ceremonia, el arte de versificar, el arte de la poesía. ¿No ha habido tanto poeta mariquita? ¿Byron o Kavafis, Lorca o Luis Cernuda? ¿No usó gay-trinar don Antonio Machado en su Retrato para quejarse de los tenores huecos que cantan a la luna?


HOMOSEXUAL INCLUYE LESBIANA. Salvo si hablamos de la cultura lesbiana o lésbica (de sólo mujeres homosexuales), lo mejor y más rápido será desposeer a la palabra homosexual de la connotación negativa que históricamente ha tenido y aplicarla por igual a unos y a otras: personas con inclinaciones sexuales hacia personas de su mismo sexo. En estos tiempos de desdobles descomunales, homosexual, sustantivo o adjetivo, debe bastar como genérico y ahorrarnos el penoso "gays y lesbianas" y el absurdo "homosexuales y lesbianas", como si una palabra no incluyera a la otra.


"SI VIENES, VEN CON ALGO QUE ME GUSTE", canta una jarcha. Lo mismo se puede usar mariquita en sentido desprovisto o positivo, que se puede usar y se usa para denigrar o insultar. Los mariquitas entre sí se llaman mariquita y más: maricón, maricona, mariconaza, y oímos a varones homosexuales contando sin rubor chistes de su propia sombra: esto que va un maricón... Pero la llave de entrada y la clave de confianza la tienen ellos, no personas ajenas al grupo. Es como si a un varón calvo le dicen calvo o a una mujer gorda le dicen gorda. Puede usted decirme calvo a mucha honra, pero si usted lo que quiere es señalarme de alopecia o minusvalía, entonces su calvo no tiene gracia. Básicamente se entiende que manda la intención, que, como decía el Arcipreste allá en su siglo, las palabras sirvan a la intención y no la intención a las palabras, algo muy fácil de entender pero difícil de conseguir si tenemos en cuenta -y muchos lo han dicho: Borges, Yourcenar o Barthes los penúltimos- que el poder de los significantes excede al de los significados. No siempre una imagen vale más que mil palabras. Un verbo como joder lo mismo sirve para fastidiar que para el rico sexo y tomar por culo igual es un placer que una frase insultante. (Qué vamos a decir, si el mundo está lleno de hijoputas que nos hacen la puñeta, y de nadie como mi niño, que me saca matrícula con lo poco que estudia ¡el hijoputa!)


HAY QUE PACTAR UN LENGUAJE, hay que salir del tabú, del mal gusto y del eufemismo. Porque la malicia no ha de parar. El sustituto más universal del castellano, pronombre neutro lo, significa por defecto ‘sexo' o ‘sexo urgente' y así lo entiende quien escucha frases como lo hicimos en el parque ó lo hicieron sin esperar más. (De asociaciones de este tipo se sirvió, a su manera, la campaña póntelo, pónselo que fue tan famosa.) La malicia ha viciado verbos transitivos como meter o tirar, que los hablantes sustituyen por entrar o caer, intransitivos: éntrate el banco ó ha caído a la hermana. En América y aquí, coger, tomar, pillar, son acciones muy comunes que han quedado contaminadas. (La palabra América también quedó contaminada.) Como el problema está en los significados, hacerle el juego al eufemismo es contaminar para mañana el significante que se use hoy, y será el cuento de nunca acabar. Recuerden el chiste tontorrón: "-¿Te frío un huevo? -¿Por qué no te fríes tú los dos?" Cuando éramos chicos, bragas eran bragas de mujer; hoy son de cuello (lo que es una manera de repartir su antiguo valor como prenda masculina) y las mujeres lo que llevan son braguitas. Y sostenes, no; sujetadores o parte de arriba de un bikini. Hay quien se queda tan a gusto diciendo pene, sin caer en la cuenta de que está diciendo pluma o pincel (inglés pen) para al final volver a lo mismo, latín penis: cola o rabo. Quien dice vagina, dice legumbre, vaina vegetal, doblete culto de judía verde o habichuela. Así entendidas estas etimologías, ¿se representa la imaginación lo que dicen? La única solución para que cursis, tímidos y enredadores no nos tomen el pelo, es pactar con nuestro propio lenguaje, y decir con Góngora: hable yo inteligente y entiéndame la gente. Vivan entrar, tirar, penetrar, coger, polla, coño, carajo. Vivan las mujeres que tienen tetas como tenía Melibea y no senos como los fregaderos de cocina; las que están preñadas, llenas, y no embarazadas, confusas; las que van a parir y no a dar a luz.


ARMARIOS, LOS DE LA ROPA. Es inadmisible, ni como gracia, que la mayoría pida pruebas o aduanas, armarios más o menos, por donde salgan los mariquitas. Tiene sentido saber que Lorca fue homosexual si es que eso me ayuda a entender a Yerma o a Bernarda Alba. Pero ¿qué sentido tiene que quien no es nadie ni famoso tenga que hacer públicas sus preferencias, sus gustos y disgustos sexuales? Bastante es que con armario o sin armario, con orilla o con acera, la homosexualidad soporte ser la otra realidad, la realidad marcada, como ser zurdo es la otra realidad frente a la mayoría diestra, y la silla de ruedas frente a las dos piernas.


HERMANA MARICA. Marica tiene la ventaja de ser palabra admitida por el decoro poético. Marica usó García Lorca en su célebre Oda a Whalt Whitman, de Poeta en Nueva York, donde nos da un repertorio de localismos curiosísimos llamando a los maricas de las ciudades: arpías, faeries, pájaros, jotos, sarasas, apios, cancos, fioras y adelaidas. Colega es una perfecta palabra, magnífico acrónimo del Colectivo de Lesbianas y Gays. Orgullo gay estamos tan acostumbrados a oírlo pronunciado gey [orguyo gey], que no tenemos que empeñarnos en otra cosa. El acoso es acoso y no bullying. Gay es gay. De chicos, nos hemos metido en los armarios, las madres nos han dicho sal del armario, así que conviene dejar los roperos en paz, exentos o empotrados.


LA LA LÁ. Artículos determinantes delante de nombres propios de mujer, cuidado con ellos. Mi vicepresidenta es Fernández de la Vega, no la Fernández de la Vega; ni Caballé es la Caballé para que Gil de Biedma, don Jaime, no acabe siendo la Biedma. Entre gente joven y de habla coloquial el artículo determinante no tiene por qué ser peyorativo ni esto es ciencia exacta que no tenga caprichos y excepciones: la Pilarica es la patrona católica de Zaragoza pero la Rocío no es la virgen de Almonte ni quien lo dijo. Históricamente el artículo ha podido parecernos ponderativo o elogioso: Beatriz Galindo, la Latina, sabía más latín que nadie como el Cid era más sidi, señor, que ningún otro. Con prevenir los malos tratos es suficiente. Lo mismo es un honor ser la Piquer que no lo es ser la Pantoja. La vida es compleja pero en lo académico y oficial lo tenemos más fácil: con evitar o prohibir nombres propios no consensuados, tenemos bastante. Bastante si periódicos y medios, sobre todo la televisión, se impusieran un libro de estilo de obligado cumplimiento, esa ley de defensa del idioma y de las buenas prácticas lingüísticas.


SI LA PSICOLOGÍA, necesidades y perspectivas del tercer género se hicieran múltiples y compartidas por todos, homos y héteros, lograríamos neutralizar la peor parte del machismo, varones que se creen que lo son porque mean de pie y no como otros que orinan, los pobres, sentados. La anécdota es real y está vigente como seña de identidad en algunas peñas masculinas. El varón macho masclo másculo músculo es probable que gallee todavía algunos años delante de mujeres y amanerados mariquitas a los que, por débiles, desprecia. Pero habría que verlo delante del macho músculo embutido en pantalón de cuero que se prepara para una penetración anal lubrificando su homosexualidad con un certero salivazo. Historias de Genet y de Fassbinder. ¿Se acuerdan de Querelle? Pues eso.


[Elwoman, enero de 2007]

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