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EL TERCER GÉNERO

La revista El Woman
de temas de coeducación y convivencia para la igualdad y la libertad de las personas
se atreve a proponer
EL TERCER GÉNERO,
un plan para el enriquecimiento de los dos habitualmente reconocidos, masculino y femenino, a base de integrar y normalizar las distintas culturas y sensibilidades homosexuales gays o lesbianas en el organigrama mental, moral, científico y psicológico
de las diversas comunidades educativas.








Se admiten ideas:
http://elwoman.blogia.com
(página de código abierto y autogestión colectiva)


El Woman
Enero de 2007
Cómo ir de COLEGA (Colectivo de Lesbianas y Gays) por la enseñanza y centros educativos

EL TERCER GÉNERO

Y para empezar, las cosas por su nombre, a vueltas con las vueltas del lenguaje.


*

1º.      
EL NOMBRE DEL PLAN,
el tercer género, se elige y se prefiere al tercer sexo por respeto a la pluralidad y riqueza de la sexualidad: hay tercer sexo pero hay también cuartos y quintos y tantas sexualidades como personas o gustos. Se elige género, y no sexo,  por lo establecido y aceptado que está el sintagma (incluso en sus más dudosas combinaciones, como en violencia ‘de género’). Género, y no sexo, por evitar el morbo y no hacerle el juego a sectores reaccionarios, que los hay. Género pero no gramatical ni género neutro frente a masculino y femenino. Género, para poder hablar de sexo en centros escolares donde hay menores y familias con reparos.

2º.      
GAY, NO GEY.
De un rey gangoso se cuenta que un día llegó su hijo el príncipe y le confesó: “–¡Papá, papá: soy gay!” (oído por el padre entre la erre y la jota: rgey). Y el rey gangoso le contestó: “¡Niño: el rgey soy yo; tu madre la rgeina, y tú lo que eres, es maricón.”
La palabra gay viene de la comunidad jipi de San Francisco que quiso ver en gay, alegre, el acrónimo de good as you, tan bueno como tú (se entiende, heterosexual). El lexicógrafo Arturo del Hoyo documenta la palabra gay en España en la revista Interviú del año 1976 y la Academia la tiene admitida desde 2001: gay. perteneciente o relativo a la homosexualidad; hombre homosexual. Curiosamente, el Diccionario no da la etimología. Gangosidades aparte, el chiste es sabio: ¿pronunciaremos gay o [gey]? Apuesten por la a. Decir gay corresponde mejor con la escritura y –hay que decir– con la etimología. Gay es de esas palabras romances de efecto búmeran (Drae: bumerán) que desde el inglés nos vuelven fonetizadas o algo cambiadas pero que estaban en el idioma desde siempre (como nos viene ahora pack, de paca, paquete o empacar). Busquen gayo o gaya, con y griega y verán: alegre, vistoso, del provenzal gai, y éste del latín gaudium: contento, gozo, alegría, placer de los sentidos. Busquen gaya ciencia o gaya doctrina y verán que así se llamaba, por asociación con el adorno y ceremonia, el arte de versificar, el arte de la poesía. ¿No ha habido tanto poeta mariquita? ¿Byron o Kavafis, Lorca o Luis Cernuda? ¿No usó gay-trinar don Antonio Machado en su Retrato para quejarse de los tenores huecos que cantan a la luna?

3º.      
HOMOSEXUAL INCLUYE LESBIANA.
Salvo si hablamos de la cultura lesbiana o lésbica (de sólo mujeres homosexuales), lo mejor y más rápido será desposeer a la palabra homosexual de la connotación negativa que históricamente ha tenido y aplicarla por igual a unos y a otras: personas con inclinaciones sexuales hacia personas de su mismo sexo. En estos tiempos de desdobles descomunales, homosexual, sustantivo o adjetivo, debe bastar como genérico y ahorrarnos el penoso “gays y lesbianas” y el absurdo “homosexuales y lesbianas”, como si una palabra no incluyera a la otra.

4º.      
¿QUIÉN MANDA AQUÍ?
Si vienes, ven con algo que me guste, canta una jarcha. El Decálogo de buenas prácticas en Igualdad y Coeducación establece en su punto séptimo que en caso de conflicto entre emisor y receptor prevalecerá siempre el punto de vista del receptor, la sensibilidad de quien recibe o se oye llamar. Hay que recordar esto porque lo mismo se puede usar mariquita en sentido desprovisto o positivo, que se puede usar y se usa para denigrar o insultar. En Andalucía como en tantas partes de España, los mariquitas entre sí se llaman mariquita y más: maricón, maricona, mariconaza, y oímos a varones homosexuales contando sin rubor chistes de su propia sombra: esto que va un maricón… Pero la llave de entrada y la clave de confianza la tienen ellos, no personas ajenas al grupo. Es como si a un varón calvo le dicen calvo o a una mujer gorda le dicen gorda. Puede usted decirme calvo a mucha honra, pero si usted lo que quiere es señalarme de alopecia o minusvalía, entonces, amigo, su calvo no tiene gracia. Básicamente se entiende que manda la intención, que, como decía el Arcipreste allá en su siglo, las palabras sirvan a la intención y no la intención a las palabras, algo muy fácil de entender pero difícil de conseguir si tenemos en cuenta –y muchos lo han dicho: Borges, Yourcenar o Barthes los penúltimos– que las palabras no las hemos inventado nosotros y que el poder de los significantes excede al de los significados. No siempre una imagen vale más que mil palabras, el verbo joder lo mismo sirve para fastidiar que para el rico sexo y tomar por culo igual es un placer que una frase insultante. Qué vamos a decir, si el mundo está lleno de hijosdeputa hisjosdeputa, que nos hacen la puñeta, y de nadie como mi niño, que me saca matrícula con lo poco que estudia ¡el hijoputa!

5º.      
HAY QUE PACTAR UN LENGUAJE.
Hay que salir del tabú, del mal gusto y del eufemismo. Hay que recomendar a cada hablante que decida y fije un vocabulario de una vez por todas sin esperar de los demás maldades o inocencias, señor, señora, cómo lo llamarían ustedes, cómo llaman ustedes a esas cosas. Porque la malicia no ha de parar. El sustituto más universal del castellano, pronombre neutro lo, significa por defecto ‘sexo’ o ‘sexo urgente’ y así lo entiende quien escucha frases como lo hicimos en el parque ó lo hicieron sin esperar más. (De asociaciones de este tipo se sirvió, a su manera, la campaña póntelo, pónselo que fue tan famosa.) La malicia ha viciado verbos transitivos como meter o tirar, que los hablantes sustituyen por entrar o caer, intransitivos: éntrate el banco ó ha caído a la hermana. En América y aquí, coger, tomar, pillar, son acciones muy comunes que han quedado contaminadas. (La palabra América también quedó contaminada.) Como el problema está en los significados, hacerle el juego al eufemismo es contaminar para mañana el significante que se use hoy, y es el cuento de nunca acabar. Recuerden el chiste tontorrón: “–¿Te frío un huevo? –¿Por qué no te fríes tú los dos?”. Cuando éramos chicos, bragas eran bragas de mujer; hoy son de cuello (lo que es una manera de repartir su antiguo valor como prenda masculina) y las mujeres lo que llevan son braguitas. Y sostenes, no; sujetadores o parte de arriba de un bikini. Hay quien se queda tan a gusto diciendo pene, sin caer en la cuenta de que está diciendo pluma o pincel (inglés pen) para al final volver a lo mismo, latín penis: cola o rabo. Quien dice vagina, dice legumbre, vaina vegetal, doblete culto de judía verde o habichuela. Así entendidas estas etimologías, ¿se representa la imaginación lo que dicen? La única solución para que cursis, tímidos y enredadores no nos tomen el pelo, es pactar con nuestro propio lenguaje, y decir con Góngora: hable yo inteligente y entiéndame la gente. Vivan entrar, tirar, penetrar, coger, polla, coño, carajo. Vivan las mujeres que tienen tetas como tenía Melibea y no senos como los fregaderos de cocina; las que están preñadas, llenas, y no embarazadas, confusas; las que van a parir y no a dar a luz, refinoli invento.

6º.      
ARMARIOS, LOS DE LA ROPA.
¿Por qué una sociedad liberal y de derechos privados tiene que hablar o entrar o entrometerse en la sexualidad ajena? ¿Por qué la población homosexual tiene que atravesar pruebas o fronteras, vamos a suponer salir de armarios roperos? ¿Sabemos quién se lo monta con consoladores, quién participa de juegos redondos o solitarios, a quién le va la marcha de la zoofilia, del fetichismo, de las pederastias angélicas? Tiene sentido saber que Lorca fue homosexual si es que eso me ayuda a entender a Yerma o a Bernarda Alba. Pero ¿qué sentido tiene que quien no es nadie ni famoso tenga que hacer públicas sus preferencias, sus gustos y disgustos sexuales? Antes se decía crípticamente: fulano de tal entiende, que era otra manera de decir lo que Lou Reed llama la wild side, el lado salvaje de la vida, y lo que Martirio exagera en La noche es güy, donde las hembras ya no pueden ligar porque todos los varones se han vuelto mariquitas. Lo que es verdad es que con orilla o con acera, con más o menos imaginación o buen gusto, a la homosexualidad le ha caído, y es difícil que se la quite de encima, la condición de ser la otra realidad, la realidad marcada, como ser zurdo nos marca frente a la mayoría diestra, y la silla de ruedas frente a las dos piernas. Si no se puede corregir, porque no es fácil, el peso de mayorías y minorías, si no podemos evitar simplificaciones o antonomasias, tenemos la obligación de normalizar lo normal y hacer ver como normal lo minoritario. El bienestar en las sociedades avanzadas está en las condiciones de vida, buena vida, que tienen sus minorías pasivas y desfavorecidas: enfermedades, invalideces, los partidos que pierden siempre las elecciones. Por eso, es inadmisible, ni como gracia, que la mayoría pida pruebas o aduanas, armarios más o menos, por donde salgan los mariquitas. Coeducación e Igualdad o Igualdad y Coeducación jamás tendrá asomos morbosos ni exhibicionistas y si a alguien le sale un amaneramiento escandaloso que estorbe o perjudique su sociabilidad, debemos reconducirlo para bien y corregirlo. Marginación ninguna, pero orgullos ni mijita.

7º.      
NI UNA PALABRA DENIGRANTE.
No hablamos de tortillera, marimacho, machorra ni inadmisibles degradaciones. A los varones, podemos llamar marica (diminutivo de María) y todos los derivados que puedan ellos permitirse y permitirnos. Marica tiene la ventaja de ser palabra admitida por el decoro poético. Marica usó García Lorca en su célebre Oda a Whalt Whitman, de Poeta en Nueva York, donde nos da un repertorio de localismos curiosísimos llamando a los maricas de las ciudades: arpías, faeries, pájaros, jotos, sarasas, apios, cancos, fioras y adelaidas. Colega es una perfecta palabra, magnífico acrónimo del Colectivo de Lesbianas y Gays (de Andalucía, mejor aún). Orgullo gay estamos tan acostumbrados a oírlo pronunciado gey [orguyo gey], que no tenemos que empeñarnos en otra cosa. Se trata de que la juventud se acostumbre a nombrar lo que hay que nombrar, que huyan del vergonzoso tabú y del irónico eufemismo, perífrasis personales que las más de las veces no hacen más que enredar, distraer o provocar la risa. Ese vaciamiento por el ¿humor? es un viejo truco que entre la timidez y el insulto sirve a los varones tenidos a sí mismos por normales para presumir de lo de siempre, de lo machotes que son. Lo que va del machote al cobarde que pega a las mujeres no hace falta decirlo aquí, así que al graciosillo, ni agua. Que el tercer género, como una cuña, matice o rompa el tópico del varón varón y de la hembra mujercita.

8º.      
LA LIMPIEZA DEL IDIOMA
debe incluir expresiones no consensuadas que todavía estamos a tiempo de evitar: el acoso es acoso y no bullying; gay será gay. De chicos, nos hemos metido en los armarios, las madres nos han dicho sal del armario, así que conviene dejar los roperos en paz, exentos o empotrados. Y artículos determinantes delante de nombres propios de mujer, cuidado con ellos. Mi vicepresidenta es Fernández de la Vega, no la Fernández de la Vega; ni Caballé es la Caballé para que Gil de Biedma, don Jaime, no acabe siendo la Biedma. Entre gente joven y de habla coloquial el artículo determinante no tiene por qué ser peyorativo ni esto es ciencia exacta que no tenga caprichos y excepciones: la Pilarica es la patrona católica de Zaragoza pero la Rocío no es la virgen de Almonte ni quien lo dijo. Históricamente el artículo ha podido parecernos ponderativo o elogioso: Beatriz Galindo, la Latina, sabía más latín que nadie como el Cid era más sidi, señor, que ningún otro. Con prevenir los malos tratos es suficiente. Lo mismo es un honor ser la Piquer que no lo es ser últimamente la Pantoja. La vida es compleja pero en lo académico y oficial lo tenemos más fácil: con evitar o prohibir nombres propios no consensuados, tenemos bastante. Bastante si periódicos y medios, sobre todo la televisión, se impusieran un libro de estilo de obligado cumplimiento, esa ley de defensa del idioma y de las buenas prácticas lingüísticas.

9º.      
CON LOS SIGNIFICADOS TAMPOCO SE JUEGA.
No podemos consentir que se aplique la imaginación sexual a las relaciones homosexuales, cómo un hombre y otro hombre se dan placer estando juntos, cómo una mujer con otra mujer. No podemos consentirlo cuando la costumbre piadosa es velar precisamente esas imaginaciones, mito de los orígenes de una madre santa y virgen y de un sanjosé buenazo a quienes nadie podría –¡qué horror!– imaginar dando y tomando sexo como cualquiera. La imaginación calenturienta hay que reprimirla porque es ella, la imaginación, la que está reprimida, trampa envenenada que nos tienden sectores reaccionarios y puretas cerca muy cerca de lo que entienden por enfermedad o pecado (nefando). Ni hay que caer en falocracias de las que los amores heterosexuales se están quitando hoy en día, cuando se predica la ternura, la multiplicidad de las caricias, la sexualidad que se diversifica y vence el monopolio de la penetración.

10º.  
EL OBJETIVO DE LA CAMPAÑA EL TERCER GÉNERO
es mejorar las condiciones de vida y de trabajo de compañeras y compañeros, menores o adultos docentes o no docentes cuya inclinación sexual no coincide, ni tiene por qué, con lo que los demás interpretamos. Hasta el presente, en coeducación el lenguaje se ha esforzado por mejorar la correlación entre masculinos y femeninos, entre supuestos hombres hombres y supuestas mujeres mujeres. Si las necesidades, gustos y perspectivas de la homosexualidad se hicieran múltiples y compartidas por todos, homos y héteros, lograríamos neutralizar la peor parte del machismo, varones que se creen que lo son porque mean de pie y no como algunos débiles maridos que orinan, los pobres, sentados. La anécdota es real y está vigente como seña de identidad en algunas peñas masculinas. El hombre macho masclo másculo músculo que al final es el que impone su desgraciada fuerza (el paraca del El camino de los ingleses que no soporta al sensible y poeta protagonista, la panda autoalimentada de los Perros de paja, de Sam Peckinpah), enfermos a los que se les pone tiesa viendo a una persona, atormentada –sin esa líbido horrorosa no existiría la violación–, esos gallitos de pelea es probable que galleen todavía algunos años delante de mujeres y amanerados mariquitas a los que desprecian. Pero habría que verlos delante del macho másculo músculo embutido en pantalón de cuero que lubrifica su sexo con un escupitajo para una penetración anal. Historias de Genet y de Fassbinder.
¿Se acuerdan de Querelle? Pues eso.




Elwoman, doce de enero de 2007.




APÉNDICE 1:

 

El plan EL TERCER GÉNERO se presentaría en los centros escolares en el marco de un acto académico de prestigio cuanto más escolar (y menos extraescolar) mejor. Se contaría con alguna personalidad relevante de las humanidades o de las ciencias. El orden podría ser: conferencia, coloquio, presentación de las líneas generales y aplicaciones concretas del Plan. Por supuesto, nadie tendría que declarar su preferencia o condición, no se trata de un acto monocolor o militante. En primera fila debieran estar las juntas directivas y la parte más visible de los consejos escolares.


APÉNDICE 2: posible cartel anunciador:

EXTRAESCOLARES Y COEDUCACIÓNpresentan

– “EL TERCER GÉNERO” –

Cómo ir de COLEGAs
(Colectivo de Lesbianas y Gays de Andalucía)
por el instituto.

  Presentación y bases del proyecto: día/fecha/mes de 2007* Métase en El Woman:http://elwoman.blogia.com/  
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