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BORRADOR SOBRE EL LENGUAJE DE GÉNEROS

BORRADOR SOBRE EL LENGUAJE DE GÉNEROS

LENGUAJE LAICISTA.

 

Se presta mucho interés hoy día a la enmienda de un lenguaje considerado sexista para no herir sensibilidades pretendidamente feministas e incluso homosexuales. Con todo ello de acuerdo. Pero cuidado con cogérnosla con papel de fumar hasta el punto de llegar a la sandez de tener que hablar más que un papagayo con circunloquios que no conducen sino al mismo sitio –llámensele eufemismos-; o peor aún, con tanto sustantivo adjetivo masculino femenino donde te pierdes que ni me acuerdo de lo que iba diciendo.

 

De este modo deberían desaparecer de nuestro vocabulario términos como “maricón”, “puta” y otras lindezas similares para ser sustituidos por vocablos más políticamente correctos como “gay” –chovinismos aparte-, o “quien entiende”, “señorita de compañía” (aunque lo de señorita parece ser que también podría ofender, en esta expresión hecha creo que seguiría valiendo), “mujer mundana o perdida”, etc. Gracias a que tenemos un vocabulario rico podemos elegir el término de nuestro agrado.

 

Pues bien, puestos a tener en cuenta sensibilidades y consideraciones dialécticas, ¿por qué no se traslada también esta misma atención lingüístico-sensitiva al ámbito religioso? En este terreno tenemos que soportar de continuo imprecaciones de mal gusto, tipo “me cago en Dios”, sin poder ni la mitad de las veces hacer tú lo propio sobre la madre que trajo al mundo al tipo que lo dijo, porque te lo podrías estar haciendo encima de una honorable señora que maldita la culpa que tiene de lo que salga de la boca de sus vástagos.

 

De ahí en adelante sigue toda una ringlera de interjecciones preciosas con multitud de posibles combinaciones, véase: “cagarse en Dios y en su puta madre” –nada más lejos que puta tengo entendido que era la buena mujer-; en “san Apapucio”, “san Pedro” y alguno que se me escapa seguro del santoral; “en la Virgen”, con sus pertinentes modificaciones: adjetivo “puta” ante o pospuesto al sustantivo. Aplíquesele la misma construcción a la Sagrada Forma y ya tenemos otras tres. En este contexto lo de señorita de compañía/ mundana Virgen/ Hostia, como que no, que le haría perder el encanto a la expresión. Así que mejor puta que otra cosa.

 

Seguimos después con Cristo –a caballo o a pie-, o con el cura de Benacazón –al fin y al cabo al párroco que le vayan dando, sea quien sea-; y otros improperios por el estilo. Por no hablar de los tan traídos y llevados queridos difuntos que en gloria estén. Todo lo dicho, si te hiere la sensibilidad o los tímpanos, te aguantas o toleras como buenamente puedas. A la progresía educativo-intelectual del momento parece ser que esta cuestión se la trae al pairo. Puestos a reclamar el laicismo a ultranza, tengamos cuidado con estas expresiones nada laicas e irrespetuosas que pueden ofender muchas sensibilidades. Porque cada uno tiene puesta su sensibilidad donde su corazón le dicte o le venga en gana.

 

Aquí, amigos: ¡viva la libertad de expresión! Y si no, ¿para qué es uno progre?

  

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