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SUICIDISMO, SUICIDISMO MACHISTA Y VIOLENCIA DE GÉNEROSUICIDISMO, SUICIDISMO MACHISTA Y VIOLENCIA DE GÉNERO
1. La sociedad no puede penalizar el suicidio, y eso va contra el poderoso imperio de la ley. Ante el titular “muerte de la mujer y suicido del criminal”, portavoces políticas o cercanas a la víctima se despachan con declaraciones que mueven las pasiones más bajas y alejan el pensamiento crítico: ‑Pues que lo entierren; que se hubiera matado él primero. Esta lógica perogrullesca parece una táctica francamente peligrosa. No interesa admitir que el violento machista, igual que el integrista, tenía predeterminada su propia muerte. Esta predeterminación no es pertinente en política y bloquearía a tanto observatorio, a tantos cargos y cargas que viven del cuento, vale decir contando cuerpos muertos. Toda violencia comparte una raíz conservadora y toda buena sociedad conlleva, como mecanismo de defensa, hábitos violentos y una industria donde la muerte se concibe, donde la sangre cotiza y se justifica. Para diferenciar unas muertes de otras y para defender su violencia, la buena sociedad descompone la moral, siempre lo ha hecho, y con doblez nos habla de orden y paz: cómo está el mundo amenazado, cómo acabar con el terrorismo, por supuesto: no analizando y paliando desigualdades, no yendo a las raíces de la miseria, sino con más gasto militar y nuevas sacudidas patrioteras que justifiquen que hay (que sigue habiendo, dios mío) paz y orden que disparan y matan. Tampoco nuestros observatorios contra la violencia machista irán a la raíz de la violencia, teniéndola tan cerca. No sea que ciertas prácticas, ciertas instituciones y ciertos personajillos salgan mal parados. El agresor, si se mata: al hoyo; y, si no: detención, juicio y condena, el imperio de la ley. Y vengan manifestaciones de repulsa. El día de la manifestación, ustedes, que pueden pagarse guardaespaldas y carros blindados, pongan en sus discursos todo el imperio de la ley que ustedes quieran. Quienes llevamos la pancarta sabemos que no podremos ir de vacaciones a ciertos países impunemente y que mañana habrá en nuestros periódicos más mujeres muertas.
Daniel Lebrato 2. A género se llegó por el caminito del eufemismo y de la abstracción. Género se pactó entre, por un lado, sectores de la política recién concienciados con el problema y, por otro, viejos sectores feministas preocupados en diferenciar (o desdoblar) a toda costa. Las feministas ya venían diciendo género. Sexo les parecía con razón una obviedad, y en expresiones como igualdad de géneros la palabra evitaba la ambigua igualdad de sexos que se podría malinterpretar. Con ayuda del inglés de Inglaterra, donde el feminismo fino llevaba la delantera, se impuso entre nosotros género: cuestiones de género, diferencias de género, lenguaje de géneros empezaron a oírse como lo más normal. Sin embargo, lo que sirve en un ámbito no tiene por qué servir en todos, y por algo tenemos la riqueza del lenguaje. Es evidente, por ejemplo, que el deporte sufre violencias y es evidente que el deporte genera situaciones violentas que ‑alegan los deportistas‑ nada tienen que ver con el deporte. Si no hay violencia deportiva y, como mucho, hay violencia en el deporte, tampoco habrá violencia de género, sí individuos violentos. Soy masculino: ¿Soy un violento? Más allá de lo fisiológico: ¿Soy un macho? Más aún: ¿Soy un género? 3. Comentario el día del desfile, el tipo del andamio, el del piropo. Comentario el hincha, el héroe de la barra, el coche tuneado, el chulo del recreo. Comentario ciertas parejas agua y aceite que llamamos matrimonios. De texto, comentarios.
01/12/2008 12:07 Autor: elwoman generoteca. #. |